Gestión de Riesgo

Diario de operaciones: por qué el registro cambia los resultados

Por TradingVital • Lectura de 10 min

Pregunta a cualquier operador qué tal le va y te dará una respuesta con bastante seguridad. Pregúntale cuál es su ganancia media, en qué tipo de operación pierde dinero o cuánto le han costado este trimestre las entradas que no estaban en su plan, y casi nunca habrá cifra. Habrá una impresión. El diario de operaciones suele venderse como un ejercicio de disciplina, una especie de deberes que hacen los operadores serios. Es una forma pobre de explicarlo. Su función es mucho más prosaica: es la única manera de tener datos propios en lugar de recuerdos, y sin datos propios no hay forma de saber qué parte de tu operativa funciona y qué parte te está costando dinero.

1. La memoria no es una base de datos

El problema de fondo no es la pereza, es que la memoria reconstruye en vez de almacenar. Cada vez que recuerdas una operación la vuelves a montar con lo que sabes ahora, y lo que sabes ahora incluye cómo terminó. Eso produce distorsiones muy concretas, y todas empujan en la misma dirección:

El resultado es que la opinión que tienes de tu propia operativa está hecha con un material que se deforma solo. Un diario no te hace mejor operador por sí mismo; lo que hace es sustituir ese material por otro que no cambia con el tiempo.

2. Lo que se apunta antes de entrar, y por qué antes

La parte más valiosa de un registro es la que se escribe cuando todavía no sabes cómo va a acabar la operación. Es lo único que el sesgo retrospectivo no puede tocar. Antes de enviar la orden bastan unos pocos campos:

Escribirlo antes tiene además un efecto lateral nada despreciable: introduce una pausa de un minuto entre la idea y la orden. Muchas entradas impulsivas no sobreviven a tener que escribir por qué se hacen.

3. Lo que se apunta al cerrar

Al salir se completa la otra mitad, y aquí la regla es anotar lo que ocurrió de verdad, no lo que dice el gráfico:

Con esos campos ya se pueden calcular tu porcentaje de aciertos, tu ganancia y tu pérdida medias y la esperanza por operación. La forma de hacerlo, y por qué el porcentaje de aciertos por sí solo engaña, está desarrollada en el artículo sobre el ratio riesgo-beneficio. Aquí interesa lo que viene después: qué preguntas se le pueden hacer a esos datos que no se le pueden hacer a la memoria.

4. La primera pregunta: ¿cuánto te cuesta saltarte el plan?

Es la pregunta que más cambia las cosas, porque separa dos problemas que la memoria mezcla sin remedio: que la estrategia no funcione y que no la estés siguiendo.

Un ejemplo con números redondos. Tras 80 operaciones, la esperanza media es de +0,1R por operación: ganas, pero poco. El diario permite partir esas 80 según el campo «estaba en el plan»:

El conjunto suma +8R, que son los +0,1R de media del principio. Pero el diagnóstico ya no tiene nada que ver: la estrategia rinde casi tres veces más de lo que parecía, y lo que te está hundiendo son las entradas que no deberían haber existido. Sin registro, la conclusión natural habría sido buscar otra estrategia. Con registro, la conclusión es que la que tienes funciona y el agujero está en las veinte veces en que no la aplicaste.

Cruzar esas operaciones fuera de plan con el campo del estado emocional suele ser revelador. Es muy habitual que se concentren después de una pérdida, en días de mucho movimiento o tras un periodo largo sin operar, que son exactamente los momentos que describe el artículo sobre FOMO y FUD. Ver escrito que el 70% de tus pérdidas fuera de plan llegan en la hora siguiente a un stop es mucho más útil que cualquier propósito genérico de ser más disciplinado.

5. Separar por tipo de operación: dónde está la ventaja de verdad

La segunda pregunta útil es cuál de las cosas que haces funciona. Casi nadie opera un único patrón, y la media global esconde lo que pasa en cada uno. Siguiendo con cifras sencillas, 120 operaciones con una esperanza total de +0,1R pueden ser en realidad esto:

Una parte de lo que haces tiene una ventaja clara y la otra se la está comiendo. Lo mismo se puede hacer por activo, por franja horaria, por día de la semana o por temporalidad, y a menudo aparecen patrones que nunca habrías sospechado: un par que siempre te sale mal, unas horas en las que tu ejecución empeora, un tipo de entrada que funciona solo cuando el mercado viene de una tendencia.

La máxima excursión permite un análisis parecido sobre las salidas. Si muchas de tus operaciones perdedoras llegaron a ir +1R a tu favor antes de darse la vuelta, el problema no está en la entrada sino en cómo gestionas la posición cuando ya va bien. Si tus ganadoras casi nunca retroceden más de media R antes de funcionar, eso dice algo sobre dónde tiene sentido poner el stop.

6. Lo que el diario no puede hacer

Hasta aquí la parte buena. Conviene ser igual de claro con los límites, porque un diario mal interpretado puede llevarte a conclusiones tan falsas como la memoria, solo que con más aspecto de rigor.

7. Un método que se sostiene en el tiempo

El diario que funciona no es el más completo, sino el que se sigue rellenando al cabo de seis meses. Algunas pautas para que no se abandone a la tercera semana:

Llevar un diario no tiene nada de ritual ni de burocracia. Es tratar tu propia operativa con el mismo criterio que aplicarías a cualquier estrategia ajena antes de fiarte de ella: pedir los datos. La mayoría de los operadores dedican horas a estudiar el mercado y ni un minuto a estudiar lo único que tienen completamente a su alcance, que es su propio historial. Un recuerdo te dirá que casi siempre sigues tu plan; una hoja con cien filas te dirá cuántas veces no lo hiciste y cuánto te costó cada una.

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