Cuando alguien enseña los resultados de una estrategia, casi siempre enseña la misma cifra: cuánto ha ganado. Un 40% en el año suena bien y no admite matices. Pero esa cifra sola no describe nada, porque no dice por dónde ha pasado la cuenta para llegar ahí. Dos sistemas pueden acabar el año con el mismo 40% y ser cosas completamente distintas: uno subió despacio con caídas del 8%, y el otro llegó a estar un 55% por debajo de su máximo en marzo. El segundo, en la práctica, no existe: nadie lo habría aguantado hasta marzo. Esa caída desde el máximo es el drawdown, y es la métrica que de verdad mide si una estrategia es operable o solo es bonita en un gráfico.
1. Qué es exactamente un drawdown
El drawdown es la caída porcentual desde el máximo histórico de tu curva de capital hasta el mínimo posterior, antes de que se recupere ese máximo. Se mide sobre el capital, no sobre el precio de un activo, y siempre desde el techo: si tu cuenta va de 10.000 a 14.000 y luego baja a 11.200, no has perdido dinero respecto al inicio, pero estás en un drawdown del 20%.
Conviene separar tres cosas que suelen mezclarse:
- Drawdown actual: a qué distancia estás ahora mismo de tu máximo. Es el que sientes.
- Drawdown máximo (max DD): la peor caída pico-valle de todo el periodo. Es el número que resume el riesgo real que ha tenido el sistema.
- Duración: cuánto tiempo pasa desde que se abandona el máximo hasta que se recupera. En inglés lo llaman time under water, y es la parte que más gente abandona.
Un sistema con un drawdown máximo del 18% y una rentabilidad anual del 12% es un sistema serio. Uno con un 65% de drawdown y un 40% anual es una lotería con buena presentación.
2. La aritmética asimétrica de la recuperación
Aquí está el motivo por el que el drawdown importa más que la rentabilidad, y es pura aritmética: perder y recuperar no son operaciones simétricas. Si pierdes un porcentaje D de tu capital, la ganancia que necesitas para volver al punto de partida no es D, sino D dividido entre (1 − D).
- Pierdes 10%: necesitas ganar 11,1% para volver.
- Pierdes 20%: necesitas 25%.
- Pierdes 33%: necesitas 50%.
- Pierdes 50%: necesitas 100%. Tienes que duplicar lo que queda solo para empatar.
- Pierdes 70%: necesitas 233%.
- Pierdes 90%: necesitas 900%.
La curva se dispara a partir del 30%. Por debajo de ahí, la recuperación es un problema de tiempo; por encima, se convierte en un problema distinto, porque para recuperar un 50% hace falta una racha que tu sistema probablemente nunca ha tenido. Ese es el fondo de lo que se llama la aritmética de la ruina: cada pérdida no solo resta capital, también encarece el precio de volver.
Y hay un agravante que rara vez se menciona: cuando estás en drawdown, operas con menos capital. Si arriesgas un porcentaje fijo de la cuenta, tus posiciones son más pequeñas justo cuando necesitarías que fueran grandes. El sistema se frena solo en el peor momento, que es lo correcto para sobrevivir y lo peor para recuperar.
3. La duración duele más que la profundidad
Un drawdown del 25% que se recupera en seis semanas es un mal trimestre. El mismo 25% estirado durante dos años es otra cosa: dos años viendo el extracto por debajo del máximo, con el sistema haciendo lo que tiene que hacer y sin resultado visible. Ahí es donde casi todo el mundo cambia de estrategia, sube el tamaño para acelerar la recuperación o abandona, y las tres decisiones se toman en el peor momento posible.
El ejemplo grande lo tienes en el propio Bitcoin: desde el máximo de noviembre de 2021 cerca de los 69.000 dólares hasta los alrededores de 15.500 de finales de 2022 hay una caída próxima al 77%, que exigía una subida de más del 340% para volver al punto de partida. Tardó unos veintiocho meses en recuperar aquel máximo. Comprar y esperar funcionó, pero solo para quien estuviera dispuesto a pasar más de dos años bajo el agua sin tocar nada, que no es la mayoría.
4. De dónde sale el drawdown: rachas y tamaño
El drawdown no es mala suerte, es una consecuencia mecánica de dos cosas que tú controlas: cuánto arriesgas por operación y cuántas pérdidas seguidas puede encadenar tu sistema. Si arriesgas un porcentaje fijo r en cada operación, una racha de N pérdidas seguidas deja tu capital en (1 − r) elevado a N.
- Riesgo del 2%, diez pérdidas seguidas: caída del 18,3%. Incómodo, recuperable.
- Riesgo del 5%, diez pérdidas seguidas: caída del 40,1%. Necesitas un 67% para volver.
- Riesgo del 10%, diez pérdidas seguidas: caída del 65,1%. Necesitas casi un 187%.
La pregunta entonces es cuántas pérdidas seguidas hay que esperar, y la respuesta es siempre más de las que la gente imagina. Un sistema de ratio riesgo-beneficio 2:1 que acierta el 40% de las veces es perfectamente rentable, pero falla seis de cada diez operaciones. Con unas 200 operaciones al año, la probabilidad de encadenar ocho pérdidas seguidas en algún momento está en torno al 70%: no es el escenario malo, es el escenario normal. Una racha de diez aparece aproximadamente un año de cada tres.
Esto conecta directamente con el tamaño de posición: el riesgo por operación no se elige por lo que te gustaría ganar, se elige por el drawdown que estás dispuesto a soportar cuando llegue la racha que sabes que va a llegar. Y el drawdown real suele ser algo peor que el de la racha pura, porque las rachas no vienen limpias: vienen con ganancias parciales intercaladas que devuelven poco y alargan el periodo.
5. El apalancamiento convierte drawdown en ruina
Todo lo anterior asume que puedes seguir operando. El apalancamiento rompe esa suposición, porque introduce un suelo por debajo del cual no hay recuperación posible: la liquidación. Sin palanca, un mal movimiento del 40% te deja dañado pero vivo, con el 60% del capital y la opción de seguir. Con palanca alta, ese mismo movimiento no produce un drawdown del 40%, produce un drawdown del 100% y el final de la partida.
La diferencia es de naturaleza, no de grado. Un drawdown profundo es un problema aritmético que el tiempo puede resolver. Una liquidación no es un drawdown, es una salida forzosa: el sistema deja de existir justo antes de que el mercado haga lo que fuera a hacer. Por eso el drawdown máximo tolerable debe fijarse siempre por debajo del punto en el que la operativa se vuelve irreversible.
6. El drawdown de un backtest es el mínimo, no el máximo
Cuando pruebas una estrategia sobre datos históricos, el drawdown máximo que sale es el peor que ocurrió en esa muestra concreta. No es el peor posible: es simplemente el peor que cupo en los años que miraste. Y si además has ajustado los parámetros para que los resultados salgan bien, has elegido implícitamente la versión del sistema que menos sufrió en ese periodo, lo que hunde la cifra todavía más por debajo de lo realista. Es el mismo problema de sobreajuste que hace que casi todo backtest bonito acabe decepcionando.
La regla práctica que usa mucha gente con oficio es contar con que el drawdown futuro será entre una vez y media y dos veces el histórico. No es una ley, es un margen de seguridad: si el backtest dice 20% y tu límite de tolerancia son exactamente 20%, el sistema no te vale, porque la primera sorpresa te saca. Si el backtest dice 20% y aguantas 40% sin cambiar nada, entonces tienes algo con lo que trabajar.
7. Cómo se usa esto en la práctica
El drawdown deja de ser una métrica de informe cuando lo pones al principio del proceso en vez de al final. Concretamente:
- Fija el límite antes de operar: decide qué caída máxima aceptas y escríbelo. Si no está decidido de antemano, se decide en mitad del drawdown, que es cuando peor se decide.
- Deriva el riesgo por operación de ese límite: el orden correcto es del drawdown tolerable al tamaño de posición, nunca al revés.
- Distingue el límite matemático del emocional: el matemático es lo que el capital aguanta; el emocional es lo que tú aguantas sin tocar nada. El que manda es el más pequeño de los dos, y casi siempre es el segundo.
- Mide también la duración: apunta cuántos días llevas bajo el máximo, no solo cuánto has bajado. Es el dato que anticipa las decisiones impulsivas.
- Reduce tamaño dentro del drawdown, no lo aumentes: la tentación de recuperar rápido subiendo el riesgo es exactamente el mecanismo que convierte un mal mes en una cuenta cerrada.
El drawdown no se elimina: forma parte de cualquier operativa con riesgo, y un sistema sin drawdown es un sistema que no ha operado lo suficiente. Lo que sí se puede hacer es dimensionarlo a conciencia, saber de antemano cuál es el peor escenario razonable y comprobar que ese escenario te deja de pie y operando. Una estrategia mediocre con un drawdown que soportas acaba dando más que una estrategia brillante que abandonas en el peor punto de la curva.