Dos personas operan el mismo mes. La primera acierta siete de cada diez operaciones y termina perdiendo dinero. La segunda falla siete de cada diez y termina ganando. No es un truco ni un caso raro: es lo que pasa cuando se mira el porcentaje de aciertos sin mirar cuánto se gana cuando se acierta y cuánto se pierde cuando no. El porcentaje de aciertos es la cifra que más se presume y, sola, una de las que menos dice sobre si una forma de operar funciona.
Este artículo va de la aritmética que une esas dos cifras: por qué ninguna de ellas significa nada sin la otra, por qué alejar el objetivo no crea ventaja por sí mismo, cómo los costes cambian las cuentas y qué hace falta para medir tu propio ratio sin engañarte.
1. Dos operadores, las mismas cifras al revés
Para hablar con precisión conviene medir todo en R, la cantidad que arriesgas en una operación: la distancia entre la entrada y el stop multiplicada por el tamaño de la posición. Si arriesgas 100 euros, 1R son 100 euros; un objetivo de 3R son 300 euros de beneficio y un stop tocado es una pérdida de 1R. El ratio riesgo-beneficio es simplemente cuántas R ganas cuando aciertas.
Con eso, los dos operadores del principio, a lo largo de 100 operaciones y arriesgando 100 euros en cada una:
- Operador A, 30% de aciertos y objetivo de 3R: 30 operaciones ganadoras de 300 euros suman 9.000 euros; 70 perdedoras de 100 euros restan 7.000. Resultado: +2.000 euros.
- Operador B, 70% de aciertos, gana 100 y pierde 300: 70 ganadoras de 100 euros suman 7.000; 30 perdedoras de 300 euros restan 9.000. Resultado: -2.000 euros.
Son exactamente las mismas cifras colocadas al revés, y el resultado cambia de signo. B tiene la sensación diaria de hacerlo bien, porque casi siempre cierra en verde, y aun así su cuenta baja. A pasa la mayor parte del tiempo cerrando operaciones en rojo, y su cuenta sube.
2. La fórmula que une las dos cifras
Lo que decide el resultado a largo plazo es la esperanza por operación: lo que gana o pierde de media cada operación. Se calcula así:
Esperanza = (% de aciertos × ganancia media) − (% de fallos × pérdida media)
Para A: 0,30 × 3R − 0,70 × 1R = +0,2R por operación. Para B, que gana 1R y pierde 3R: 0,70 × 1R − 0,30 × 3R = −0,2R. Si arriesgas un 1% de la cuenta por operación, A gana de media un 0,2% por operación y B lo pierde.
De la misma fórmula sale la cifra más útil de todo el artículo: el porcentaje de aciertos mínimo para no perder dinero con un ratio dado. Es 1 dividido entre (1 + ratio):
- Objetivo de 0,25R (arriesgas 4 para ganar 1): necesitas acertar el 80% solo para quedarte igual.
- Objetivo de 0,5R: 66,7%.
- Objetivo de 1R: 50%.
- Objetivo de 2R: 33,3%.
- Objetivo de 3R: 25%.
- Objetivo de 5R: 16,7%.
Leída así, la pregunta "¿qué porcentaje de aciertos es bueno?" no tiene respuesta. Un 60% es excelente con objetivos de 1R y ruinoso con objetivos de 0,5R. Un 35% es mediocre con 1R y rentable con 2R. Las dos cifras solo tienen sentido juntas.
3. Por qué tanta gente acierta mucho y pierde
El caso de B no es una rareza estadística, es el patrón más habitual entre quienes empiezan, y tiene una causa conocida. En finanzas conductuales se llama efecto disposición: la tendencia a vender pronto lo que va ganando y a aguantar lo que va perdiendo. Cerrar una ganancia da alivio inmediato; cerrar una pérdida obliga a admitir el error, así que se aplaza.
En el gráfico se ve de forma muy concreta:
- Beneficios recortados: la operación sube 0,8R, retrocede un poco y se cierra "por si acaso" antes de llegar al objetivo. Cuenta como acierto, pero de tamaño pequeño.
- Stops que se mueven: el precio se acerca al stop y se aleja un poco más "para darle aire". La pérdida prevista de 1R termina siendo de 2R o 3R.
- Posiciones que se promedian a la baja: se compra más de lo que cae para mejorar el precio medio. Casi siempre acaba bien, que es exactamente lo que lo hace peligroso.
El resultado es un porcentaje de aciertos alto, que refuerza la sensación de estar haciéndolo bien, sobre una esperanza negativa. Lo mismo ocurre con los sistemas que venden su tasa de aciertos como argumento: las estrategias de promediar pérdidas o las rejillas de órdenes pueden cerrar en verde el 90% de las veces porque nunca aceptan una pérdida pequeña, y cuando la pérdida llega es de las que borran meses de ganancias.
Por eso hay que distinguir entre el ratio planeado, el que se dibuja al entrar, y el realizado, que es la ganancia media real dividida entre la pérdida media real. Si tu plan dice 2R y tus cierres dicen 0,9R, tu ratio es 0,9R.
4. El ratio no es gratis: alejar el objetivo baja los aciertos
Visto lo anterior, la tentación es la contraria: poner siempre objetivos lejanos y ya está. La regla de buscar operaciones donde el beneficio potencial sea al menos el doble del riesgo, que aparece en el artículo de gestión de riesgo, es una buena norma de higiene, pero tiene una condición oculta: que a esa distancia sigas acertando lo suficiente. El ratio y el porcentaje de aciertos no se eligen por separado, porque cuanto más lejos pones el objetivo, menos veces llega el precio.
La relación es más estricta de lo que parece. Si el precio se moviera al azar, sin ninguna tendencia, la probabilidad de tocar un objetivo situado a k veces la distancia del stop antes de tocar el stop es exactamente 1 / (1 + k). Un objetivo de 1R se alcanza la mitad de las veces; uno de 2R, una de cada tres; uno de 3R, una de cada cuatro. Y esas son justamente las cifras de equilibrio de la sección 2. Con un mercado aleatorio, la esperanza es cero para cualquier ratio que elijas: lo que ganas en tamaño lo pierdes en frecuencia, sin sobrante.
La conclusión es incómoda pero importante: el ratio no genera ventaja por sí solo. Solo te dice cuánto tienes que acertar. La ventaja, si existe, está en que en el punto donde entras el mercado no se comporte al azar, y que el precio llegue a tu objetivo más a menudo de lo que diría 1 / (1 + k). Es el mismo equilibrio que aparece al elegir entre niveles de retroceso de Fibonacci: un nivel profundo permite un stop más ceñido y mejor ratio, a cambio de que sea menos probable que la tendencia aguante.
Esto también explica por qué estirar un objetivo después de entrar no mejora nada. Si el análisis decía que el precio tenía motivos para llegar a 2R, llevar el objetivo a 4R no convierte la operación en el doble de buena: la convierte en otra operación, con otra probabilidad que no has estudiado.
5. Los costes se comen primero a los ratios ajustados
Todo lo anterior supone que una ganancia de 2R es de 2R. En la práctica, las comisiones, el spread y el deslizamiento se pagan tanto en las operaciones ganadoras como en las perdedoras, y lo que muchos no calculan es cuánto pesan medidos en R. Dependen del tamaño de la posición, no del riesgo, así que cuanto más ceñido es el stop, más R se llevan.
Un ejemplo con un coste total de ida y vuelta del 0,1% del tamaño de la posición, algo razonable sumando comisiones y algo de spread y slippage, y un objetivo nominal de 2R:
- Stop a un 2% del precio: el coste equivale a 0,05R. Ganas 1,95R y pierdes 1,05R. El porcentaje de aciertos mínimo sube del 33,3% al 35%.
- Stop a un 0,5% del precio: el coste equivale a 0,2R. Ganas 1,8R y pierdes 1,2R. El mínimo sube al 40%.
- Stop a un 0,25% del precio: el coste equivale a 0,4R. Ganas 1,6R y pierdes 1,4R. Necesitas acertar casi el 47%.
Aplicado al operador A del principio, con un stop del 0,5%: sus ganancias pasan a ser de 2,8R y sus pérdidas de 1,2R. Con el mismo 30% de aciertos, 0,30 × 2,8 − 0,70 × 1,2 da exactamente cero. La estrategia rentable sobre el papel queda en tablas en cuanto se pagan los costes, y cualquier empeoramiento en la ejecución la vuelve perdedora. A esto se suma que un stop se ejecuta a mercado cuando salta, así que en movimientos rápidos la pérdida real suele ser algo mayor de 1R, nunca menor.
Por eso los ratios muy altos con stops muy estrechos engañan doblemente: el ratio nominal parece excelente y el real, una vez restados los costes, es bastante más modesto.
6. Lo que la media no cuenta: rachas y colas
Dos estrategias con la misma esperanza pueden ser muy distintas de vivir, y el porcentaje de aciertos es lo que marca esa diferencia.
- Aciertos bajos, rachas largas: con un 30% de aciertos, la racha perdedora más larga en 100 operaciones ronda las 10 seguidas en un caso típico, y en más de la mitad de las series de 100 operaciones aparece al menos una de 10 o más. Con un 70% de aciertos, lo típico es que la peor racha sea de tres.
- Aciertos altos, colas gordas: las estrategias que aciertan mucho con objetivos pequeños suelen tener el problema al revés. Pocas pérdidas, pero de un tamaño que no se ve venir en el historial reciente, porque es rara por definición.
La consecuencia práctica es que una estrategia de aciertos bajos solo es operable si el riesgo por operación es pequeño. Diez pérdidas seguidas arriesgando un 1% dejan la cuenta alrededor de un 10% abajo, algo incómodo pero soportable; arriesgando un 5%, la dejan un 40% abajo, y la mayoría de la gente abandona el sistema mucho antes de que la estadística le dé la razón. El ratio decide si una estrategia gana dinero; el tamaño de posición decide si llegas a verlo.
7. Cómo medir el tuyo sin engañarte
La única forma de conocer tu ratio y tu porcentaje de aciertos reales es contarlos sobre operaciones cerradas, no estimarlos de memoria. Lo que hay que anotar y calcular:
- Todo en R: cada resultado dividido entre lo que arriesgabas en esa operación. Así puedes comparar operaciones de tamaños distintos.
- Ya con costes: la ganancia y la pérdida netas, después de comisiones y deslizamiento, no las del gráfico.
- Ganancia media y pérdida media reales: no las del plan. Su cociente es tu ratio realizado.
- La esperanza resultante: la cifra de la sección 2, que es la que resume todo lo demás.
Y con una advertencia sobre el tamaño de la muestra, que es donde casi todo el mundo se precipita. Si en 50 operaciones has acertado el 40%, el margen de error razonable de esa cifra va aproximadamente del 26% al 54%. Con 200 operaciones y el mismo 40%, el margen se estrecha a algo así como del 33% al 47%. Con un objetivo de 2R, cuyo mínimo es el 33,3%, ni siquiera 200 operaciones bastan para descartar que estés en tablas. Sacar conclusiones de las últimas veinte operaciones es leer ruido.
Si las cifras salen de una simulación y no de operaciones reales, aplica lo mismo con más desconfianza todavía: un backtest tiende a dar porcentajes de aciertos y ratios mejores de los que luego aparecen en real.
El porcentaje de aciertos es la cifra que mejor sienta y la que menos informa. Lo que importa es la esperanza por operación, y esa depende siempre de dos cifras a la vez. Un ratio alto no es una ventaja, es una exigencia menor de aciertos que el mercado cobra en frecuencia; unos aciertos altos no son una ventaja, son una exigencia menor de tamaño que suele pagarse en las pérdidas grandes. Mide las dos, réstales los costes, y juzga el resultado solo cuando tengas operaciones suficientes para que signifique algo.