Hay una cuenta que casi nadie hace y que explica por qué dos personas que siguen la misma estrategia acaban con resultados distintos. Sumas tus operaciones ganadoras, restas las perdedoras, y el número sale positivo. Luego miras el saldo real de la cuenta y no cuadra. La diferencia rara vez está en el análisis: está en lo que cuesta entrar y salir del mercado, un peaje que pagas en cada operación y que casi nunca aparece como una línea separada en ningún sitio.
Ese peaje tiene nombre: fricción. Y tiene una propiedad incómoda que lo hace más peligroso de lo que parece: no depende de si aciertas. Lo pagas igual en las operaciones buenas que en las malas, y se multiplica por el número de veces que operas, no por el resultado. Una estrategia con ventaja real puede ser rentable operando una vez por semana y ruinosa operando cinco veces al día, sin que nada de la estrategia haya cambiado.
1. Tres peajes, y solo uno aparece en la factura
Cada vez que abres y cierras una posición pagas tres cosas distintas, aunque el exchange solo te detalle una:
- La comisión: el porcentaje que cobra el exchange por ejecutar. Es el único de los tres que figura explícito en el histórico, y por eso es el único que la mayoría tiene en cuenta. Suele ser también el más pequeño.
- El spread: la distancia entre la mejor oferta de compra y la mejor de venta. Si entras cruzándolo, compras por encima del punto medio; si sales cruzándolo otra vez, vendes por debajo. Nadie te lo cobra como tal: simplemente compras algo caro y lo vendes algo barato.
- El slippage: la diferencia entre el precio que veías al pulsar y el precio medio al que realmente se llenó tu orden. Aparece cuando tu tamaño se come varios niveles del libro, y se dispara justo en los momentos de más volatilidad, que son aquellos en los que más gente decide operar.
Los tres dependen de qué le pidas al exchange, y ahí el tipo de orden que eliges decide la mayor parte del asunto. Lo que viene a continuación no va de entender los tres conceptos, sino de ponerles un número.
2. La cuenta de un ciclo completo
Tomemos un caso favorable: un par muy líquido, en un exchange normal, con un tamaño pequeño comparado con la profundidad disponible. Entras a mercado y sales a mercado, que es lo que hace casi todo el mundo por comodidad. Los números aproximados de un ciclo completo, contando entrada y salida:
- Comisión: 0,10% al entrar y 0,10% al salir como taker. Total: 0,20%.
- Spread: cruzas medio spread al entrar y medio al salir, así que acabas pagando un spread entero. Con uno ajustado del 0,05%, total: 0,05%.
- Slippage: en un par líquido y con tamaño pequeño, casi nada. Pongamos un 0,01% por lado. Total: 0,02%.
Suman 0,27% por ciclo completo. Dicho de otra forma: cada vez que abres y cierras, el precio tiene que moverse un 0,27% a tu favor solo para que salgas empatado. Visto en una operación aislada parece irrelevante. No lo es.
3. Lo que pasa al multiplicarlo por la rotación
La fricción no se suma: se compone, porque cada operación se aplica sobre el capital que dejó la anterior. Suponiendo que cada operación mueve el total de la cuenta y que ese 0,27% se mantiene estable, esto es lo que se lleva la fricción en un año, antes incluso de saber si tu estrategia acierta:
- Una operación por semana (unos 50 ciclos al año): se lleva un 12,6% del capital.
- Una al día (unos 250 ciclos): se lleva un 49%.
- Tres al día (unos 750 ciclos): se lleva un 87%.
El último número no es un error de cálculo ni una exageración retórica. Una operativa de rotación alta que empate en bruto, con tantas ganadoras como perdedoras y del mismo tamaño, termina el año con una fracción de lo que empezó. Y ninguna de esas operaciones habrá parecido mala mientras ocurría. Esa es la razón por la que hay cuentas que se vacían despacio, sin una sola catástrofe que señalar.
Conviene ser honesto con el supuesto: si operas con una parte del capital y no con el total, el porcentaje sobre la cuenta baja en la misma proporción. Pero la conclusión no cambia de signo, solo de escala.
4. Por qué los estilos rápidos son estructuralmente más caros
Aquí está el problema de fondo: el coste de fricción es prácticamente fijo por operación, pero el recorrido que buscas se encoge según el estilo. Entre los distintos estilos de trading, un swing que persigue un 5% de recorrido deja en fricción alrededor del 5% de su objetivo bruto: molesto, pero asumible. Un scalp que persigue un 0,4% deja dos tercios. Y uno que persiga un 0,25% pierde dinero por sistema aunque acierte en todas.
No es que operar rápido sea más difícil solo por lo psicológico o por el ruido del gráfico. Es que la ventaja que necesitas para cubrir la fricción crece a medida que el objetivo se reduce. A partir de cierta frecuencia, el único que gana dinero de forma consistente es quien cobra la fricción en lugar de pagarla.
5. El mismo cálculo, en un par ilíquido
Repite la cuenta en un token pequeño y los números dejan de ser decimales. Un spread del 0,5% no es raro fuera de los pares principales, y con un tamaño mediano contra un libro fino el slippage puede ser de otro 0,3% por lado. El ciclo completo queda en 0,20% de comisión, 0,50% de spread y 0,60% de slippage: 1,30%, casi cinco veces el caso líquido.
Esto explica algo que se suele atribuir a la mala suerte. Entrar en un activo poco negociado con la idea de salir rápido si va mal es una trampa aritmética: pagas la fricción al entrar, la vuelves a pagar al salir, y la pagas agravada justo cuando quieres salir con prisa, porque el libro se vacía precisamente cuando el precio se mueve en serio y los niveles donde se había concentrado el volumen dejan de sostener nada.
6. Cómo medir la tuya, no la del ejemplo
Los números de arriba son un ejemplo con supuestos explícitos, no una medición de tu operativa. La tuya puede ser bastante mejor o bastante peor, y la única forma de saberlo es mirarla. El procedimiento no tiene ningún misterio:
- Apunta el precio que veías al pulsar. Es el único dato que el exchange no guarda por ti, y es la mitad de la resta.
- Compáralo con el precio medio de ejecución. El histórico de operaciones lo da, junto con la comisión cobrada. La diferencia entre ambos precios es tu slippage real, en euros y en porcentaje.
- Hazlo durante un mes entero. Una operación no dice nada; treinta te dan una media y, más importante, te enseñan en qué horas y en qué activos se dispara.
- Suma el total y divídelo entre tu beneficio bruto. Ese porcentaje es la parte de tu trabajo que se está yendo en fricción. Si pasa del 30%, el problema a resolver ya no es la estrategia.
Casi todos los exchanges permiten exportar el histórico en CSV, así que la cuenta se monta una vez y luego se repite sola. Es el mismo principio que hace útil llevar un registro de operaciones: sin datos propios, lo que tienes son impresiones.
7. Lo que sí reduce la factura
- Entrar como maker siempre que el plan lo permita. Una orden limitada que no cruza el libro no paga spread ni sufre slippage, y suele tener una comisión menor. Rehaciendo la cuenta con un 0,02% por lado y sin los otros dos conceptos, el ciclo baja de 0,27% a 0,04%, y el coste anual de 250 ciclos pasa del 49% al 9,5%. La contrapartida es real: a veces la orden no se ejecuta y te quedas fuera del movimiento.
- Trocear las entradas grandes. El slippage no crece de forma proporcional al tamaño, sino peor, porque cada tramo adicional se llena en un nivel más alejado.
- Elegir la hora. El mismo par tiene spreads distintos según la franja horaria. Operar en las horas de menos actividad es pagar una prima a cambio de nada.
- Poner un umbral mínimo de recorrido. Si el movimiento que esperas no es varias veces el coste del ciclo, esa operación no compensa aunque la tesis sea correcta. Es un filtro que encaja con el dimensionado de la posición: los dos se deciden antes de entrar, no después.
La fricción es el único coste de la operativa que puedes calcular con exactitud antes de asumirlo. No depende del mercado, ni de la noticia del día, ni de si tu análisis era bueno: depende de decisiones de ejecución que están enteramente en tu mano. Es, probablemente, la parte del resultado sobre la que más control tienes y a la que menos atención se le presta. Antes de buscar una estrategia mejor, merece la pena comprobar cuánto se está llevando por el camino la que ya tienes.