Estrategia Avanzada

Backtesting: cómo validar una estrategia sin engañarte a ti mismo

Por TradingVital • Lectura de 12 min

Casi todo el mundo que se toma en serio el trading acaba haciendo lo mismo: coge una idea, la pasa por datos históricos y mira la curva de capital que sale. Si sube limpia de izquierda a derecha, la estrategia parece validada. Luego la pone a funcionar con dinero real y, en pocas semanas, se comporta como si fuera otra. No es mala suerte. Es lo esperable, porque un backtest es una herramienta muy fácil de engañar, y la persona a la que más fácil le resulta engañar es la que lo ha construido.

Este artículo no va de qué plataforma usar ni de cómo programar una simulación. Va de lo que pasa por debajo: por qué una curva bonita dice mucho menos de lo que parece, cuáles son las trampas concretas que la inflan y qué comprobaciones separan una estrategia con algo de ventaja de una que solo se ha ajustado al pasado.

1. Qué pregunta responde de verdad un backtest

Un backtest responde a una pregunta muy estrecha: si hubiera aplicado exactamente estas reglas sobre exactamente estos datos, qué habría pasado. No responde a la que de verdad te interesa, que es qué pasará a partir de mañana. Entre una y otra hay un salto que solo se puede dar si se cumplen dos condiciones: que las reglas capturen algo que se repite en el mercado, y que la simulación reproduzca con honestidad lo que habría ocurrido al operar.

Por eso conviene cambiar la forma de usarlo. Un backtest no sirve para demostrar que una estrategia funciona; sirve para descartar las que no funcionan. Si una idea no gana ni siquiera en el pasado, con todas las ventajas que da conocer lo que ya ocurrió, no hay motivo para pensar que ganará en el futuro. Si gana, lo único que sabes es que todavía no la has refutado. Parece un matiz, pero cambia por completo cómo se leen los resultados.

2. Sobreajuste: el ruido también tiene forma

La trampa más común y la más difícil de ver es el sobreajuste. Ocurre cuando ajustas los parámetros de una estrategia hasta que encajan con los datos que tienes, incluidas las casualidades que no volverán a repetirse.

Piensa en un cruce de medias. Puedes probar una EMA rápida de entre 5 y 50 periodos contra una lenta de entre 20 y 200. Solo con eso ya son miles de combinaciones, y si además pruebas varias temporalidades y distintos niveles de stop, la cifra se multiplica. Alguna de ellas saldrá espectacular. La pregunta es si sale espectacular porque ha encontrado algo real o porque, entre miles de intentos, alguno tenía que caer en el sitio justo.

La aritmética es brutal. Imagina mil estrategias que no tienen ninguna ventaja: cada operación es una moneda al aire, con la misma ganancia que pérdida. Pasas cada una por 100 operaciones. De media acertarán 50, con una desviación típica de 5. Pero la mejor de las mil, por puro azar, rondará las 66 operaciones ganadoras: un 66% de aciertos y un saldo de unas 32 veces el riesgo por operación. Una estrategia así, presentada sola, parece excelente. Y no tiene nada dentro. En la práctica las combinaciones de parámetros vecinos se parecen entre sí y no son mil pruebas independientes, lo que suaviza el efecto, pero no lo elimina.

Hay señales que delatan un sobreajuste:

3. Sesgo de supervivencia: probar solo con los que siguen vivos

La segunda trampa está en los datos, no en las reglas. Si decides probar una estrategia sobre "las 20 principales altcoins" y descargas la lista de las 20 principales de hoy, estás probando sobre las que han sobrevivido y han crecido hasta ahí. Las que estaban en esa lista hace tres años y se hundieron no aparecen.

El efecto es enorme en cripto, donde la mortalidad de los proyectos es altísima. LUNA estuvo entre las diez mayores criptomonedas por capitalización y en mayo de 2022 perdió prácticamente todo su valor en pocos días. FTT, el token de FTX, siguió un camino parecido en noviembre de ese mismo año. Una estrategia de compra de altcoins probada sobre la lista actual nunca las habrá tenido en cartera, así que nunca habrá sufrido esas caídas. El resultado sale mejor de lo que habría sido, y no por mérito de la estrategia.

4. Mirar el futuro sin darte cuenta

La tercera trampa es usar, sin querer, información que en el momento de la decisión no existía. Se llama sesgo de anticipación y es muy fácil de cometer, porque en un fichero de datos todo el pasado y todo el futuro están a la vista a la vez.

5. Los costes que la simulación no ve

Una simulación que ejecuta cada orden al precio exacto de la vela, sin comisiones y a cualquier tamaño, está describiendo un mercado que no existe. En la realidad pagas comisión al entrar y al salir, cruzas el spread y sufres deslizamiento, como se detalla en el artículo sobre spread y slippage. Y un stop no se ejecuta al precio que pusiste: se convierte en una orden a mercado que, en un hueco de precio o en un movimiento rápido, puede llenarse bastante más lejos, algo que se explica al comparar los tipos de orden. Si operas con futuros perpetuos, además, pagas o cobras la financiación cada pocas horas.

El efecto depende sobre todo de cuántas operaciones haces. Supón una estrategia que, sin costes, gana de media un 0,25% por operación. Si pagas un 0,10% de comisión como tomador en la entrada y otro 0,10% en la salida, y pierdes otro 0,05% entre spread y deslizamiento, el margen neto por operación es cero. Con 300 operaciones al año, la simulación sin costes mostraría unos 75 puntos porcentuales de ganancia sumada; la operativa real, nada, antes incluso de contar los errores de ejecución. La ventaja existía, pero era más pequeña que el peaje.

La consecuencia es incómoda: cuanto más rápida es una estrategia, más importa modelar bien los costes, y más probable es que un backtest optimista la haya dado por buena cuando no lo es. Si tu simulación no tiene una línea de costes explícita, no tienes un backtest, tienes un borrador.

6. Cómo validar sin engañarte

No existe un método que garantice que una estrategia funcionará. Lo que sí existe es un conjunto de comprobaciones que ponen las cosas difíciles a las estrategias que solo se han ajustado al pasado. Cuantas supera, más confianza merece.

7. Qué mirar en los resultados, y qué engaña

El rendimiento total es la cifra que más se enseña y la que menos informa. Dos estrategias con el mismo resultado final pueden ser completamente distintas de vivir. Las métricas que dicen algo útil son otras:

Y hay una más que conviene tener presente: la caída máxima que ves en el backtest es la de un único orden en que ocurrieron las operaciones. Si reordenas esas mismas operaciones al azar miles de veces, que es lo que hace una simulación de Montecarlo, el resultado final es el mismo, pero la peor caída suele salir claramente mayor en muchos de los recorridos. El pasado te enseñó uno de los caminos posibles, no el peor.

La conclusión práctica es asumir de entrada que los resultados en real serán peores que los del backtest, porque casi siempre lo son: los costes pesan más, las ejecuciones son peores y parte de lo que parecía ventaja era ajuste. Una estrategia que solo es rentable con sus parámetros exactos, sin costes y en un único periodo no es una estrategia rentable. La que merece la pena es la que sigue siendo razonable cuando le quitas todas esas ayudas, aunque su curva sea mucho menos bonita.

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