Dos tokens en pantalla: uno cotiza a 0,22 dólares y otro a 12. El primero parece barato y el segundo caro, y esa impresión es la que mueve la mayoría de las compras impulsivas en altcoins. Pero el precio de un token, aislado, no significa absolutamente nada: depende de cuántas unidades existen, y sobre todo de cuántas van a existir. Un proyecto puede tener el 40% de su suministro en circulación y el 60% restante repartiéndose mes a mes entre gente que lo consiguió a un precio que tú nunca tuviste. Eso no se ve en el gráfico. Se ve en la tokenomics, que es simplemente el conjunto de reglas que gobiernan cuántos tokens hay, quién los tiene y cuándo salen. Leerla bien no te dice si algo va a subir, pero te dice contra qué estás comprando.
1. Tres cifras de suministro que no son la misma
Casi todos los malentendidos empiezan aquí, porque las tres se parecen y se publican juntas:
- Suministro circulante: los tokens que están hoy en manos del público y se pueden vender. Es el que se usa para calcular la capitalización de mercado.
- Suministro total: los que ya se han creado, incluyendo los bloqueados en contratos de vesting, tesorerías y asignaciones sin repartir. Existen, pero todavía no pueden venderse.
- Suministro máximo: el techo duro que impone el código, si es que lo hay. Muchos tokens no tienen ninguno y emiten de forma indefinida.
De ahí salen las dos valoraciones que verás citadas, y que casi nunca coinciden. La capitalización de mercado es el precio por el circulante: lo que vale hoy lo que está suelto. La valoración totalmente diluida o FDV es el precio por el total: lo que valdría el proyecto si todos los tokens estuvieran ya fuera, al precio de hoy. La distancia entre ambas es la medida más rápida de cuánta oferta te queda por delante.
Con datos del 21 de septiembre de 2026, la foto de algunos tokens conocidos es esta: Solana lleva un 93% de su suministro en circulación y su FDV solo supera la capitalización en un 8%. Chainlink va por el 75%, Uniswap por el 70%, Arbitrum por el 68%. Sui está en el 41%: 4.100 millones de tokens en circulación de un máximo de 10.000 millones, con una capitalización de unos 4.000 millones de dólares frente a una FDV de 9.900. Worldcoin está en el 36%, con 1.600 millones de capitalización y 4.400 de FDV. Esos multiplicadores no son un juicio sobre la calidad del proyecto, pero sí dicen una cosa concreta: en los dos últimos casos, por cada token que existe hoy en el mercado hay casi dos esperando a salir.
2. La cuenta que de verdad importa: cuánto se diluye tu parte al año
Un porcentaje de circulante bajo no es malo por sí mismo. Lo que importa es a qué ritmo se cierra esa brecha, porque un mismo 60% pendiente no pesa igual repartido en diez años que en dos. La cuenta útil es la emisión anual dividida entre el circulante actual: eso te da la inflación real del token, el porcentaje en que tu participación se diluye cada año si no compras más.
Un ejemplo para fijar el orden de magnitud: un token con 4.000 millones en circulación al que le quedan 6.000 millones por liberar en tres años está soltando unos 2.000 millones al año, es decir, un 50% anual sobre lo que hay hoy. Para que el precio se quede plano, tiene que entrar cada año dinero nuevo equivalente a la mitad de la capitalización actual, solo para absorber la oferta. Si no entra, el precio baja aunque el proyecto vaya razonablemente bien. Esa es la parte que la gente atribuye al sentimiento del mercado cuando muchas veces es pura aritmética de oferta.
Conviene comparar con la referencia. Bitcoin emite hoy alrededor de un 0,8% anual sobre el suministro existente, y ese porcentaje se divide entre dos en cada halving; la aritmética completa está en el artículo sobre el halving y por qué cada uno pesa la mitad que el anterior. Cuando ves una altcoin con una emisión del 30% o el 50% anual, estás ante algo que no se parece en nada a eso, por mucho que ambos se llamen criptomoneda.
3. Quién tiene el suministro
La segunda pregunta es de reparto: de todos los tokens que existirán, cuántos están en manos de quien los consiguió antes que tú y a un precio que tú no tuviste. Aquí no hace falta especular, porque casi todos los proyectos serios publican la distribución inicial.
Arbitrum sirve de ejemplo porque su reparto está documentado y es bastante típico de un lanzamiento de 2023 en adelante. De 10.000 millones de tokens: un 42,78% a la tesorería de la DAO, un 26,94% al equipo y asesores, un 17,53% a inversores, un 11,62% repartido entre usuarios por airdrop y un 1,13% a otras DAO del ecosistema. Súmalo: equipo e inversores juntos controlan un 44,47% del suministro total, más de lo que se repartió entre todos los usuarios por un factor de casi cuatro.
Eso no es una acusación: pagar a un equipo y a quien financió el desarrollo es lo normal en cualquier empresa. Pero cambia la lectura de lo que estás comprando. Las preguntas que hay que hacerse son tres:
- Cuánto pesan equipo e inversores juntos: por encima del 40% del total, la mayor parte de la oferta futura tiene un coste de adquisición muy inferior al tuyo.
- Qué hace la tesorería: una tesorería grande no es oferta inmediata, pero sí es oferta potencial. Se gasta en subvenciones, incentivos y programas que acaban, en buena parte, vendiéndose en el mercado.
- Cuánta concentración hay fuera del papel: el reparto publicado es el punto de partida, no la foto actual. Un explorador de bloques te dice cuántos tokens acumulan las diez primeras direcciones que no son de exchanges.
Cuando el reparto no aparece por ninguna parte, o aparece en un gráfico de colores sin porcentajes ni calendario, esa opacidad ya es la respuesta. Es exactamente la misma señal estructural que aparece en las estafas cripto: la información que falta suele ser la que perjudica a quien la oculta.
4. El calendario: cliff, vesting lineal y el mito de que ya está descontado
Los tokens del equipo y de los inversores no salen de golpe. El esquema estándar tiene dos piezas. El cliff es un periodo inicial, normalmente de doce meses desde el lanzamiento, durante el cual no se libera nada. El vesting es el goteo posterior, casi siempre mensual y lineal, repartido a lo largo de dos o tres años más. Arbitrum, siguiendo el ejemplo, bloqueó equipo e inversores cuatro años: doce meses de cliff desde marzo de 2023 y desbloqueos mensuales durante los tres siguientes.
El primer desbloqueo grande tras el cliff es el que más suele doler, porque libera de una vez todo lo acumulado durante el año de espera. A partir de ahí el goteo mensual es más pequeño pero constante, y es precisamente lo constante lo que pesa: un 2% mensual del suministro es una venta de fondo que no se nota en ningún día concreto y se nota en todos.
Oirás mucho que los desbloqueos ya están descontados porque son públicos y todo el mundo los conoce. Es media verdad, y conviene entender qué mitad. El mercado puede descontar la fecha, que está en el calendario, pero no puede descontar la conducta: si quien recibe los tokens los vende, los mantiene o los presta depende de su precio de entrada, de su horizonte y de cómo esté el mercado ese mes. Y hay un segundo problema, más mecánico: descontar algo en el precio requiere que alguien lo haya vendido antes, y en la mayoría de las altcoins no existe un mercado de préstamo profundo que permita hacerlo. Al final, la oferta tiene que pasar por el mismo sitio que todo lo demás: el libro de órdenes. Y ahí lo que importa no es la liquidez que se ve puesta, sino la que aguanta cuando llega de verdad una venta grande.
5. Quemas, deflación y otras palabras que hay que comprobar
Muchos proyectos compensan su emisión con quemas: destruir tokens enviándolos a una dirección de la que no se puede salir. La idea es buena, pero el adjetivo deflacionario se usa con muchísima más alegría de la que los números soportan. Una quema solo significa algo medida contra la emisión del mismo periodo: si un protocolo quema el 0,5% anual y emite el 12%, no es deflacionario, es inflacionario al 11,5%.
Además, no todas las quemas son iguales. Una que se financia con ingresos reales del protocolo (comisiones que pagan usuarios) es una recompra sostenible mientras haya uso. Una que se financia vaciando la tesorería es un gasto que se acaba, y mientras dura tapa el dato que de verdad interesaba: cuánta demanda orgánica hay. La pregunta que lo resuelve es simple: de dónde sale el dinero que quema.
6. El rendimiento del staking y de dónde sale
Un caso concreto donde la aritmética engaña a mucha gente: los rendimientos por staking. Cuando una red ofrece un 9% anual por bloquear tokens, ese 9% suele pagarse con emisión nueva, no con ingresos. Es decir, se emite un porcentaje del suministro y se reparte entre quienes hacen staking, a costa de diluir a quienes no lo hacen.
Eso no lo convierte en un engaño: si la red emite un 6% anual y tú recibes un 9%, tu participación en el total efectivamente crece, y el staking cumple además una función de seguridad real. Pero el rendimiento nominal no es tu rendimiento. Lo que ganas de verdad es la diferencia entre lo que te pagan y lo que se emite, y en términos de valor hay que restar además la variación del precio, que es un orden de magnitud mayor que cualquier porcentaje de staking. Un 9% anual no protege de nada cuando el activo cae un 40%: eso lo decide la gestión del riesgo de tu posición, no el rendimiento.
7. Cómo se comprueba en diez minutos
Todo lo anterior se puede revisar antes de entrar en cualquier token, y no lleva más de un rato:
- Circulante sobre total: si está por debajo del 50%, asume que la oferta futura es el factor dominante de aquí a un par de años.
- Distancia entre capitalización y FDV: un múltiplo de dos o más te dice que compras hoy algo que valdrá el doble sobre el papel solo por existir el resto de tokens.
- Emisión anual sobre circulante: el porcentaje de dilución. Compáralo con lo que crees que puede crecer la demanda del proyecto.
- Calendario de desbloqueos: localiza el próximo tramo grande y mira qué porcentaje del circulante representa. Un desbloqueo del 5% del circulante es relevante; uno del 0,2% es ruido.
- Reparto inicial: suma equipo e inversores, y busca el calendario de su vesting.
- Quemas e ingresos: si el proyecto presume de quemar, comprueba con qué dinero y contra cuánta emisión.
Los datos de suministro, capitalización y FDV están en cualquier agregador. Los calendarios de desbloqueo también se publican, y la documentación del propio proyecto tiene el reparto. Si algo de esto no aparece en ningún sitio, eso ya es un dato.
8. Lo que la tokenomics no te va a decir
Hay que ser honesto con los límites, porque la tokenomics se vende a veces como un filtro definitivo y no lo es. No da timing: un token puede tener una emisión horrible y subir un 300% en dos meses porque la demanda especulativa supera con creces a la oferta nueva. Tampoco sirve de señal de entrada ni de salida; es contexto estructural, no una operación.
Los datos tampoco son perfectos. El suministro circulante que publican los agregadores lo reporta en buena medida el propio proyecto, y la frontera entre bloqueado y disponible es más borrosa de lo que parece: una tesorería técnicamente no bloqueada puede comportarse como si lo estuviera, y unos tokens formalmente bloqueados pueden usarse como garantía de un préstamo, con un efecto sobre el mercado muy parecido al de venderlos. La FDV, además, mide algo que tardará años en ocurrir, y compararla con la capitalización de un activo ya maduro no es del todo justo.
Y hay un sesgo que conviene tener presente en el otro sentido: la emisión de tokens nuevos infla también la capitalización total del mercado, lo que hace bajar la dominancia de Bitcoin sin que nadie haya rotado un euro. Es el mismo fenómeno visto desde arriba.
La tokenomics no predice el precio, pero cambia la pregunta que te haces al mirar un token. Deja de ser si está barato comparado con la semana pasada, y pasa a ser cuánta oferta nueva tiene que absorber el mercado en los próximos meses y de dónde va a salir la demanda que la absorba. Es una pregunta bastante más incómoda, y por eso mismo se la hace mucha menos gente.